martes, 31 de marzo de 2009

LAS POLÍTICAS DE LA BARBARIE




El NACIONAL
Cultura/4

Por: MARJORIE DELGADO AGUIRRE


ROLDÁN ESTEVA-GRILLET El investigador publicó Imágenes contra la pared. El profesor universitario considera que el Ministerio para la Cultura apoya la creación popular porque es más barata que mantener instituciones de enseñanza y una programación de calidad en los museos. Además, cuestiona cómo se seleccionó la representación venezolana para la Bienal de Venecia


«Muchos gobiernos ven el arte como un enemigo»

"El artista es representante de un país y no de un gobierno y eso es lo que le cuesta entender a nuestras autoridades culturales"

El título de una crítica, que publicará por estos días, resume lo que para el investigador Roldán Esteva-Grillet se ha hecho en el país en materia de políticas culturales con respecto a los museos: "Arte y desastre". También prepara otra sobre los sucesos de El Calvario, donde quitaron la estatua de Cristóbal Colón, que evidencia otro de los males sobre los que habla: la "aberración patrimonial". Estos son algunos síntomas de lo que considera como "la barbarie de la cultura en Venezuela, que no es más que la conjugación de políticas de ignorancia".

El profesor de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela publicó la semana pasada el libro Imágenes contra la pared, una compilación de crónicas y críticas sobre arte escritas desde 1981 hasta 2007, editado por la Fundación para la Cultura Urbana. "Este libro es light, pero tengo escrito otro titulado Arte y política en tiempos oscuros", indica.

­¿Por qué no está de acuerdo con las políticas culturales implementadas por esta gestión en materia de arte? ­Las políticas culturales del Gobierno han estado encaminadas hacia la exaltación de la cultura popular porque la cultura popular no exige maestros, talleres ni instituciones. Eso se da por generación espontánea. Los artistas populares siempre han existido, existen y existirán. Entonces es muy barato, no hay que invertir. En lo que sí se ha invertido es en la publicidad que se hace con ellos. Es más difícil atender las necesidades que tienen los museos. Además, este gobierno cuestiona la utilidad de los museos si, afirma, a ellos sólo van las élites. Yo creo que la gente sí sigue yendo a los museos, únicamente que no con la misma frecuencia y la razón de ello es simple: los museos no ofrecen novedad. La programación no cambia. En respuesta, la gente acude a otros espacios como galerías. En los museos sacan una exposición y dura seis meses. La última buena exhibición en el Museo Alejandro Otero duró nueve meses, que fue El hilo de Ariadna, y nunca tuvo catálogo porque existe una política de no hacerlos a pesar de que son fundamentales para los investigadores y los artistas. Si a esto se suma la política de no incluir a los creadores a menos de que se trate de una individual, pues no hay otra manera de calificar la política cultural de esta gestión sino como desastrosa. ­

¿Quiénes resultan perjudicados? ­Los jóvenes artistas, porque tienen que hacer una cola muy larga. La gran oportunidad para ellos son los salones de arte, pero no hay suficientes. Se han reducido. Los más constantes son el Salón de Aragua y el Michelena, pero ya sabemos en qué condiciones se realizó el Michelena: fue un salón duplicado innecesariamente. El Salón Lovera, pensado para los más jóvenes, no tiene continuidad y no está dando pautas. Menos mal que se acabó el Certamen Mayor de las Artes, porque era vergonzoso que los museos expusieran eso. ­

¿Por qué era vergonzoso? ­Porque establecía un mecanismo de selección que obligaba a que cada estado presentara 10 obras, hubiera o no hubiera 10 buenas obras en la entidad. El criterio era cuantitativo. ­¿Cree que esta gestión concibe el arte sólo en términos cuantitativos? ­¿En manos de quien está el Ministerio para la Cultura? De una persona que de artístico sólo tiene el apellido, porque no tiene ni la más mínima idea de lo que significa el arte para una nación. La Galería de Arte Nacional, que pudo abrirse nuevamente en noviembre pues en la nueva sede está montada una exposición desde ese mes, ha permanecido cerrada y a él no le importa

¿Quién es el afectado? El público y, por otro lado, los investigadores, que no tenemos acceso a las fuentes originales que son las obras, los catálogos, los libros y los recursos hemerográficos que tienen ahí atesorados y que ninguna otra institución tiene. Además, le conceden de ese edificio un establo completo al Museo de Arte Popular, que debe tener una sede, si es que la merece.

­¿Qué quiere decir con ese "si es que la merece"? ­Uno de los primeros grandes estudiosos del arte popular, y ex director de la GAN, Francisco Da Antonio, siempre estuvo en desacuerdo con los museos de arte popular y lo salones de arte popular. Marta Traba, en una famosa ponencia que se cita siempre, incluso en las salas del Bellas Artes, decía que no existe la dicotomía entre arte culto y arte popular. El arte simplemente es arte o no es arte, aseguraba. Un artista como Reverón es tan artista como Bárbaro Rivas, que era analfabeto y oligofrénico pero que tenía una sensibilidad única. ­Esta gestión aboga, en su discurso, por el mayor acceso de los venezolanos a la cultura, pero el presupuesto asignado a este ministerio es el más modesto y a los museos, por ejemplo, les redujeron en 85% los recursos que recibían.

¿Qué lectura hace de esto? ­Un ministro llegó a decir que no se justificaba la inversión en el Museo de Arte Contemporáneo tomando en cuenta la poca cantidad de gente que asistía a él. Cuando dicen este tipo de cosas parten de los modelos de los grandes museos de las grandes ciudades, donde a veces la cantidad de turistas hace que sea necesario pedir cita para entrar a las instituciones museísticas. No podemos aspirar a eso aquí porque nuestro turismo no viene al país a conocer los museos. Y menos mal que no, porque lo que allí se hace es vergonzoso. ­Pero esa es una forma de invitar a no ir a los museos y eso es preocupante. ­La gente sigue yendo a los museos pero no a ver una exposición, sino a ver conciertos y películas gratis. Esa es la carnada. ­

¿Qué habría que hacer? ­Restituir la autonomía de los museos. El gran crimen fue quitarles la autonomía que permitía una competencia muy sana, porque todos buscaban ofrecer la programación con la mayor calidad, tanto que uno tenía que programar ir a uno un fin de semana y a otro el siguiente. ­El otro tema de discusión es cómo se ha manejado la representación venezolana que irá a la Bienal de Venecia.

¿Qué cuestionaría al respecto? ­Que no hubo jurados. Lo correcto es que haya un jurado impar y que su deliberación sea autónoma. En otros años fue así, pero esto ha ido cambiando en la medida en que algunas obras no han sido complacientes con lo que el Gobierno espera. Lo que sucede es que muchos gobiernos ven el arte como un enemigo y el arte no tiene que ser enemigo ni amigo de los gobiernos: el arte es libre y cuando deja de serlo deja de ser arte. Entonces, si no hay un jurado sino un juicio condicionado por funcionarios no puede proponerse la obra de cualquier creador que lo merezca porque hay que tomar en cuenta que no puede tratarse de alguien que incomode al gobierno que va a financiar el envío. La cuestión es que el artista es representante de un país, no de un gobierno, y eso es lo que le cuesta entender a nuestras autoridades culturales.

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