lunes, 22 de marzo de 2010

EL LEGADO CUBANO EN VENEZUELA

LA SIMILITUD NO ES COINCIDENCIA

EL LEGADO DESDE CUBA

Por Yoany Sanchez


Vienen tiempos difíciles. Soy optimista a largo plazo, pero la desazón me embarga ante los años que se avecinan. Hay demasiada crispación acumulada. Han sembrado sistemáticamente entre nosotros el rechazo a la opinión diferente y eso no se borra en poco tiempo. Ayer cuando vi a un ama de casa que en tono vulgar gritaba “la gusanera está revuelta” –refiriéndose a la peregrinación de las Damas de Blanco– constaté cuan largo es el camino de la tolerancia que nos queda por delante.

Aprender a debatir sin ofender, a convivir con la pluralidad y a respetar las diferencias, tendrá que constituirse en asignatura obligatoria en nuestras escuelas. Será un proceso largo el hacer entender a todos que la diversidad no es una enfermedad sino un alivio.

Temo que el grito se nos haga crónico y que la bofetada siga siendo la vía más rápida para acallar al otro. Me estremece presagiar una Cuba donde se continúa atacando física y legalmente a alguien por su filiación política o su tendencia ideológica. Qué triste país el que tendremos si a las autoridades les sigue pareciendo natural un escarmiento a quienes contradicen la opinión oficial. Ya me resulta bastante enferma una sociedad que asiste pasiva al acoso que sufrieron ayer unas pacíficas mujeres con gladiolos en sus manos. Pero el sectarismo no quedo allí, sino que intentaron justificarlo y por ello prepararon a la carrera un guión para el programa más tedioso de la televisión cubana: la Mesa Redonda. Sin embargo, los televidentes –después de dos horas de estoica escucha– confirmaron que la ausencia de argumentos les ha dejado sólo el insulto, la difamación y las maromas verbales.

¿Por qué no tienen el valor de invitar, a ese aburrido set donde hacen un monologo cada tarde, al menos un par de personas que piensen diferente? El más tímido y parco de los inconformes que conozco los desnudaría con un par de preguntas y con unas breves frases haría tambalear su teoría de la conspiración. Pero no se atreven. Amparados por el poder –no hay peor aliado para un periodista– sustentados su verbo y su pluma con las prebendas y los privilegios, saben que no soportarían la artillería de la crítica. De ahí que ensalzan el golpe, azuzan las consignas y ponen unos videos picoteados para probar que al diferente hay que aplastarlo.

Alimentan así el fanatismo, ese germen que amenaza con prolongarse más allá de sus propias vidas: el legado de odios y desconfianza que pretende dejarnos este sistema. Leer más...

ZOMBIS: MÁS QUE LEYENDA

LOS ZOMBIS DE LA REVOLUCIÓN


Por: Carolina Jaimes Branger
El Universal / 22-03-10

Esos zombis subordinan sus experiencias a los dictámenes del hechicero

La leyenda de los zombis es una de las más conocidas y explotadas de la literatura del terror. Los zombis son entidades físicas que se encuentran a mitad de camino entre la vida y la muerte, muertos reanimados o simplemente seres humanos sin mente que no tienen voluntad propia porque los controla un poderoso hechicero, dueño de sus pensamientos y sus sentimientos.

No se sabe a ciencia cierta el origen de los zombis. Los expertos aseguran que las primeras referencias a algo parecido aparecen hace 3.000 años en La Epopeya de Gilgamesh, cuando Ishtar amenaza con levantar a los muertos para que devoren a la gente, a menos que su padre le dé el toro del cielo.

En Las Mil y una Noches también hay cuentos de seres subyugados mentalmente, pero son los relatos folclóricos de Haití los que describen entes muy parecidos a los zombis como los que conocemos hoy en día, y que popularizó Hollywood en 1968 cuando George A. Romero produjo Night of the living dead (Noche de los muertos vivientes).

Que haya zombis en Hollywood no tiene nada de raro. Que aparezcan descritos en la literatura fantástica no me quita el sueño. Pero que en mi país haya personas que supediten sus recuerdos, su conciencia y su memoria sí me preocupa, me desconcierta, me subleva.


Hace unos días, mi hermano entró a un local comercial. La dependienta le preguntó si hacía calor afuera. "Sí, hace un calor terrible", le respondió mi hermano. "Claro, cómo no va a hacer calor si hace tres años que no llueve", dijo ella. "¿Tres años que no llueve? ¡El año pasado llovió! ¿Usted no estaba aquí?", le preguntó mi hermano. Ello dudó: "Bueno, sí estaba, pero es que a mí me explicaron que así como los gringos bombardearon Haití por debajo de la tierra para ocasionar el terremoto, de igual manera nos bombardearon las nubes a nosotros para que no lloviera".

Yo puedo entender que ella crea que los gringos son tan poderosos como para ocasionar terremotos y espantar nubes. Pero lo que no puedo, no quiero y me duele aceptar es que subordine su propia memoria para creer lo que no vivió. Una zombi, pues, cuya mente está dominada por un poderoso hechicero. Así, ella y sus compañeros zombis seguirán viendo sequía donde hubo lluvia, oscuridad donde hubo luz y bienestar donde no hay más que ruinas.






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CONTRA LA BARBARIE

Por:Teodoro Petkoff
TalCual 22/03/10


Chávez no quiere a las universidades.

Y por lo mismo, las universidades tampoco quieren a Chávez. Esto último se puede probar matemáticamente, contando las cifras abrumadoras y reiteradas de las elecciones profesorales y estudiantiles de aquellas que todavía pueden expresarse, las mayores de paso. Una revolución sin jóvenes, valga decir sin futuro, y sin saberes es cosa más bien desoladora y siniestra. Las razones no deben ser muy difíciles de establecer, tienen que ver con el deseo de convertir el país en un inmenso cuartel: sin cultura, sin diálogo, sin libertad de espíritu y de crítica, sin rebeldía. Valga decir los valores que le son esenciales al alma universitaria.

Pero como Chacumbele no tolera sino al que le rinde los honores correspondientes, todos los demás, que van siendo legión por cierto, se convierten en reptiles, renacuajos, escarabajos y sólo pueden esperar su inclemencia. Y vaya que ha sido dura con las universidades. Más ahora, que los estudiantes no sólo no han querido comer del árbol de las tres raíces, de los manuales de la Harnecker, de las barbas marchitas de Fidel o de los platillos teocráticos iraníes sino que les ha dado por salir a la calle alegres, pacíficos y ocurrentes a defender libertades y derechos; o sus "elitescos" profesores, que no dejan de señalarle su oceánica ignorancia y las catástrofes de su gobierno que de vaina nos están dejando país.

Ahí tienen, pues, su merecido. Presupuestos de sobrevivencia, salarios míseros, limitación de la autonomía, novísimas elecciones populistas, maldiciones al mérito y procacidades del gangoso verbo presidencial. Y, más recientemente, gas del bueno y guardias nacionales entrenados para ser feroces.

Pero como si todo eso no bastara hay que aplicarle la más sucia violencia, la más fascista, y no es metáfora, la de sus matones paramilitares, sus sicarios oscuros, sus terroristas tarifados. A cada rato, por cualquier motivo, se atropellan personas y bienes universitarios en todas las altas casas de estudio del país. Así se trate de los compañeros de aula o de los inigualables recintos del patrimonio de la humanidad. Y el gobierno cabroneando. El ministro, quien confesó no saber qué pasa en las universidades, se hace cómplice de la barbarie afirmando que son las autoridades rectorales las responsables y no el malandraje colorado. Al fin y al cabo son gente de este lado, mandados por algún cacique o por varios o por todos. Y es fácil la tarea: basta una bandita de pistoleros bien provistos para dejar inermes a las grandes mayorías que los adversan con las manos blancas que tanto obseden al Presidente.

Los estudiantes tienen que encontrar la manera de parar ese humillante y amenazante atropello. Los estudiantes demócratas deben poner en su agenda como primera prioridad detener la barbarie que amenaza sus vidas y sus instituciones. Hay que presionar para que el gobierno se dé cuenta de que ese crimen no paga. Así haya que montar guardia día y noche para resguardar el derecho a saber, a crecer, a salvaguardar la luz del entendimiento que es la única que hace porvenir. Leer más...