Por: Carlos Colina
TalCual 17.09.09
Esta situación puede volverse tortuosa ante las disculpas hieráticas pero cotidianas, debido a que, otra vez, el tren permanecerá detenido hasta un nuevo anuncio.
Además, ahora la vigilancia es panóptica y total.
Los antiguos paneles que garantizaban la preservación de los embaldosados, no se han desdeñado del todo pero se vieron invadidos de propaganda gubernamental de cualquier misión o ministerio "minpopop". La musicalización de las estaciones sigue las pautas de la "identidad llanera" o de la canción estereotipada de protesta.
La superficie exterior y los interiores de los vagones se han revestido de motivos bolivarianos. Los criterios estéticos son disonantes con los conceptos urbanísticos del sistema, como por ejemplo las gigantografías de motivos rurales; no obstante, lo esencial es un bombardeo ideológico omnisensorial.
En los metrobuses no es extraño que el dispensador de los tickets esté averiado y que uno ingrese gratuitamente a la manera populista. Ahora, "el descuido es de todos". Por respeto a los logros del socialismo democrático internacional, que no ha eludido la categoría de eficiencia, deberíamos hablar de un Metro chavista y no de un Metro socialista, pero me he permitido esa licencia periodística
A diferencia de sus inicios, actualmente, el Metro de Caracas es el epítome del desmantelamiento de la institucionalidad pública y de su máxima ineficiencia.
2009
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