miércoles, 8 de abril de 2009

BERTOLT BRECHT Y LA TEATRALIZACION DEL PODER







LA TEATRALIZACIÓN DEL PODER


Por: Adriano Corrales Arias (*)


(Extractos del trabajo de Adriano Corrales Arias. Véase, en extenso, en monografías.com s/f))


(...) "Bertoldt Brecht (Agsburgo, 1898-Berlín, 1956), quien aplicó su saber profesional y artístico a develar la manera en que actores no profesionales utilizan las técnicas teatrales, observó cómo construía Hitler sus papeles en situaciones diversas: el amante de la música, el soldado desconocido en la segunda guerra mundial, el alegre y dadivoso camarada del pueblo, el afligido amigo de la familia.

Hitler actuaba todo con gran énfasis, especialmente cuando representaba personajes históricos o heroicos: extendía la pierna y apoyaba íntegramente la planta del pie para tornar su paso majestuoso.

Pero, para realizar (y comprender) esa "mise en scene" no bastaba con que el protagonista aprendiera dicción y movimientos espectaculares, como Hitler los adquirió tomando clases con el actor Basil en Munich, o políticos norteamericanos más recientemente en Hollywood. Hay que profundizar en el hecho de que toda política está hecha, en gran parte, con
recursos teatrales: las inauguraciones de lo que no se sabe si va a tener presupuesto para funcionar, las promesas de lo que no puede cumplirse, el reconocimiento público de los derechos que se negarán en privado. Es mejor decirlo con la elocuencia de Brecht:

Los mensajes de los hombres de
estado no son arranques impulsivos y espontáneos. Son elaborados y reelaborados desde muchos puntos de vista y se fija una fecha para su lectura. (Brecht, 1972:163 [sic]).

Aún así se corre la voz entre el público (el pueblo / público) de que nadie sospecha lo que el "estadista" va a decir o anunciar. Llegado el momento, sin embargo, no habla como alguien extraordinario sino como un
hombre de la calle, gesticula igual que el parroquiano en el bar, que el obrero en la fábrica, el estudiante o el profesor en el aula, o el campesino en la iglesia. Busca que quienes lo escuchan se identifiquen con él:

...entabla un duelo
personal con otros individuos, con ministros extranjeros o con políticos. Lanza furibundas imprecaciones al estilo de los héroes homéricos, pregona su indignación, da a entender que está haciendo un gran esfuerzo para no saltarle al cuello al adversario: lo desafía llamándolo por su nombre, se burla de él. (Brecht, 1973:163).

La contención y el suspenso, lo que no se nombra, también tienen marcada importancia, son tan importantes como lo que se dice. El sentido dramático de la conmemoración, del acto político, o la parada militar, se acentúa con los silencios mientras se ofrece el escenario ritual para que todos compartan un saber que es un conjunto de sobreentendidos.

Una situación de este tipo, ciertamente, puede tener un
valor positivo: todo grupo que quiere diferenciarse y afirmar su identidad hace uso tácito o hermético de códigos de identificación fundamentales para la cohesión interna y para protegerse frente a extraños. Por eso se busca la mayor identificación del público / pueblo con el capital cultural acumulado, o con las consignas de nuevo cuño, para su distribución y usos vigentes.

Claro está, lo negativo estriba en la exacerbación de las diferencias y en la afirmación de la identidad para protegerse frente al otro, los demás, a través del racismo, la xenofobia y la superioridad genética o "divina". (...)

Referencia: Brecht, Bertolt: Escritos sobre Teatro, tomo 2, Nueva Visión, Buenos Aires, 1973.


(*) Escritor, profesor e investigador del Instituto Tecnológico de Costa Rica.





















LA TEATRALIZACIÓN EN PANTALLA GRANDE:

LENI RIEFENSTAHL ANTES QUE OLIVER STONE (o Danny Glover, Benicio del Toro y Sean Penn)

“El triunfo de la voluntad” ("Triumphs des willens", estrenada en 1935) de Leni Riefenstahl --además de realizadora cinematográfica, fue bailarina, actriz y fotógrafa. Es un documental propagandístico del que se considera que fue hecho “por nazis, para nazis y sobre nazis”. Muestra el desarrollo del congreso del Partido Nacionalsocialista en 1934 en Núremberg. Su realizadora fue especialmente escogida por Hitler, según la propia Riefenstahl, para impresionar a una audiencia que no estaba necesariamente interesada en la política.





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